Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Zainal Arifin Fuat, Serikat Petani, Indonesia

Las tensiones geopolíticas y geoeconómicas actuales están redefiniendo las relaciones comerciales y los sistemas alimentarios en todo el sudeste asiático. La política comercial e utilizada cada vez más por las economías poderosas como una herramienta estratégica, presionando a los países de la región para abrir mercados y ajustar normativas internas. Las políticas arancelarias recíprocas estadounidenses afectan a Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia, al instar a estos países a negociar concesiones para mantener el acceso a los mercados de exportación. Estos hechos tienen importantes implicaciones para la agricultura y los medios de vida rurales, en particular para las personas productoras de alimentos a pequeña escala, que se enfrentan a precios volátiles y a un acceso desigual al mercado.

El Acuerdo sobre intercambios comerciales recíprocos (ART por sus siglas en inglés) de Indonesia y Estados Unidos ilustra la naturaleza asimétrica de los acuerdos comerciales emergentes. Se prevé que Indonesia aumente las importaciones de productos agrícolas estadounidenses como la soja, el trigo y la carne de vacuno, mientras que las exportaciones indonesias siguen estando sujetas a aranceles y a disposiciones comerciales cambiantes que favorecerían a Estados Unidos pero sin garantías equivalentes para Indonesia. El acuerdo también obliga a Indonesia a alinearse con determinadas restricciones comerciales de Estados Unidos hacia otros países, lo que suscita preocupación en términos de soberanía estatal y alimentaria.

En todo el sudeste asiático, las presiones arancelarias recíprocas y la liberalización comercial intensificarán la competencia de las importaciones que sufren las personas productoras de alimentos a pequeña escala, hundirán los precios a pie de granja y debilitarán los sistemas alimentarios locales. Estas dinámicas suponen un mayor riesgo de dependencia de los mercados globales y de socavar la capacidad de los Estados para proteger la agricultura interna. Para defender la soberanía alimentaria es preciso recuperar el espacio político para proteger a lxs campesinxs, regular las importaciones y fortalecer los sistemas alimentarios locales y agroecológicos.

El conflicto en Asia Occidental, a pesar de la distancia geográfica, repercute de modo significativo en Indonesia por el aumento disparado de los costes de producción. El aumento de los precios mundiales del petróleo afecta a la producción y al bienestar de lxs campesinxs, así como a la distribución por parte de las cooperativas campesinas. Como el petróleo es esencial para que las familias agricultoras puedan producir y distribuir los alimentos, los aumentos del precio del combustible amenazan directamente la viabilidad agrícola.

La agricultura indonesia sigue en transición de los sistemas convencionales a los agroecológicos, lo que significa que los fertilizantes aún no se producen íntegramente a nivel nacional. La elevada dependencia de los fertilizantes importados aumenta sustancialmente los costes de los insumos de producción. Las subidas de precios del combustible van a desestabilizar los precios de los alimentos. Considerando que las reservas alimentarias del gobierno aún no son soberanas, las comunidades urbanas y lxs campesinxs que carecen de reservas alimentarias suficientes van a ser los más afectados. La soberanía alimentaria y la agricultura agroecológica son respuestas esenciales a estas crisis en cascada.

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José María Oviedo, Unión Nacional de Agroproductores de Costa Rica (UNAG), Costa Rica / CLOC-La Vía Campesina

Desde el ámbito geopolítico, la guerra de Irán pone de manifiesto que Estados Unidos cree que el mundo debe ser de ellos y que deben tener el poder sobre todas las naciones. Es así como ponen como pretextos para atacar Irán la destrucción de la capacidad militar de la región, sobre todo el uso de misiles balísticos, así como la eliminación de armas nucleares. Además, plantean cambiar el régimen que gobierna en Irán argumentando que apoya a los que consideran adversarios de Occidente.

Lo hemos visto también en América, cómo Estados Unidos cree que América es Estados Unidos y que cualquier gobierno que no esté de acuerdo con sus políticas debe ser intervenido o invadido, como en el caso de Nicolás Maduro en Venezuela. Países como Cuba, Nicaragua, México y Panamá han afrontado amenazas por no seguir las disposiciones del gobierno estadounidense.

Con respecto a lo económico, el hecho de que se haya atacado en Asia Occidental —una región que produce el veinte por ciento del petróleo mundial— implica que, si la guerra continúa, el petróleo seguirá subiendo y con ello muchos productos, generando inflación a nivel global e incluso una posible hambruna. Esto también afectará a economías como la china, uno de los mayores productores de trigo, lo que podría provocar escasez de cereales.

Decimos que el imperio estadounidense se está derrumbando. Un ejemplo es que en 1979, cuando Jimmy Carter inició relaciones con China, se buscaban alianzas positivas, pero Estados Unidos ha seguido otro camino, centrado en conflictos globales. Estas guerras han costado miles de millones de dólares al pueblo estadounidense, sin que ese dinero se haya invertido en el desarrollo interno ni en otros pueblos.

Desde el punto de vista económico, esperamos un fuerte déficit fiscal en EE.UU.  y la imposición de más aranceles para quienes exportan hacia ese país, como América Central, lo que nos afectará enormemente. Además, el aumento del petróleo seguirá impulsando la inflación.

Otro asunto es cómo el dólar se ha ido depreciando en muchos países y que, con esta guerra, también se busque su apreciación, lo que incrementaría la inflación a nivel mundial. Esta es una situación delicada para América, donde muchos países dependen de la importación de petróleo.

Voces desde el campo 3

Andoni García, Euskal Herriko Nekazarien Elkartasuna – EHNE Bizkaia, España

La política comercial de la UE, desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la inclusión de la agricultura y la alimentación en la OMC, ha sido determinante en la política agraria y alimentaria, con consecuencias nefastas para lxs pequeñxs agricultorxs. Esta supeditación ha eliminado los instrumentos de regulación de mercados y precios que contenía la Política Agraria Común (PAC) hasta 1992. A pesar del fracaso de la OMC, la UE ha apostado sin freno por Acuerdos de Libre Comercio, donde la agricultura y los mercados interiores han sido moneda de cambio.

La apertura al mercado internacional, la reducción de aranceles, la bajada de precios para las personas agricultoras y una política agresiva de agroexportación han provocado una grave reducción de pequeñxs agricultorxs. Entre 2013 y 2023 se han perdido 5 millones de explotaciones en la UE. Además, la UE y su política agroexportadora han sido responsables de la escalada especulativa de los alimentos a nivel global. El modelo agrícola en la UE es cada vez más agroindustrial y basado en economías de escala.

Sin embargo, la UE es hoy menos autosuficiente desde el punto de vista alimentario, ya que su soberanía alimentaria y su autonomía estratégica están supeditadas a los Acuerdos de Libre Comercio y a los intereses económicos de las élites en la globalización. En la anterior legislatura, la UE trató de responder a las crisis climática, medioambiental, de biodiversidad, energética y alimentaria a través del Pacto Verde Europeo, la Estrategia de la Granja a la Mesa y la de Biodiversidad, aunque sin cuestionar su política comercial.

La fragilidad de estos planteamientos y su contradicción con los intereses de los lobbies del comercio internacional se han hecho evidentes en la nueva situación geopolítica. La UE está dando pasos atrás en su enfoque para afrontar las crisis y apuesta con fuerza por los Acuerdos de Libre Comercio para proyectar una imagen de fortaleza, que se diluye al evidenciarse su subordinación a Estados Unidos en la toma de decisiones. La Comisión Europea ha propuesto, para el presupuesto de la UE a partir de 2028, aumentar el gasto militar y reducir el apoyo a lxs agricultorxs. La PAC y las políticas de protección medioambiental están retrocediendo rápidamente.

Además, la Comisión Europea ha acelerado los Acuerdos de Libre Comercio, ignorando las decisiones del Parlamento Europeo y la oposición general de lxs agricultorxs. Asimismo, los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, que han desencadenado una guerra con repercusiones globales, han provocado una fuerte especulación sobre los combustibles, los costes de producción y los alimentos, evidenciando nuevamente los riesgos para la soberanía alimentaria, el acceso a los alimentos y la fragilidad de los sistemas alimentarios globalizados impulsados por las políticas de la UE.

Voces desde el campo 4

Annette Hiatt, National Family Farm Coalition (Coalición Nacional de Agricultores Familiares)/Land Loss Prevention Project (Proyecto de Prevención de la Pérdida de Tierras), Estados Unidos

A menudo los acuerdos comerciales multilaterales e internacionales afectan gravemente a lxs pequeñxs productorxs, sin que estos se beneficien ni sean involucrados. Muchos pequeñxs agricultorxs, como los de Carolina del Norte (región sudoriental de Estados Unidos), no participan directamente en el comercio internacional, pero las decisiones que se toman a puerta cerrada a nivel internacional para configurar e influir en las relaciones de poder repercuten directamente sobre esxs mismxs productorxs y las comunidades en las que viven.

Según estimaciones del mes de enero, los aranceles al comercio podrían tener un efecto devastador sobre la economía agrícola de Carolina del Norte, con pérdidas de ingresos por valor de 1.200 millones de dólares y una posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo. Ante la falta de apoyo a los precios para los productores a pequeña escala, el uso errático de los aranceles al comercio puede significar que lxs pequeñxs agricultorxs compitan aún más a con la agricultura industrial a gran escala por el acceso a los mercados internos.

Más de la mitad de las explotaciones agrícolas de Carolina del Norte cuentan con menos de 50 acres (unas 20 Has) y más de la mitad de lxs agricultorxs obtiene menos de 10.000 dólares anuales de la agricultura. Estos no son lxs agricultorxs que se dedican a la exportación internacional, sino que muchas veces forman la base de los sistemas alimentarios locales que alimentan a sus comunidades. Pero sienten profundamente el aumento de precios de los alimentos y de los costes de los insumos, como el combustible y los fertilizantes.

Como los costes de producción de lxs agricultorxs superan sistemáticamente los precios que se les pagan, la creciente deuda del sector agrícola está obligando a nuestrxs pequeñxs productorxs —la raíz de nuestras comunidades rurales— a abandonar la tierra. Son los pequeñxs agricultorxs que son la clave de la resiliencia y la construcción de la comunidad, pero son tratados como peones de un juego y una producción que también fortalece nuestras economías locales es poco valorada.

La política comercial debería reforzar los medios de vida de nuestrxs pequeñxs agricultorxs y comunidades rurales, facilitar el acceso a la tierra y la soberanía alimentaria, y permitir una gestión que apoye una producción alimentaria resiliente y agroecológica en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Cuadros

Cuadro 1

Un nuevo marco comercial internacional que trabaje para todxs

En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en septiembre de 2025 en Sri Lanka, La Vía Campesina estableció los principios fundamentales de un nuevo marco comercial agrícola mundial basado en la Soberanía Alimentaria.

Basado en la definición fundamental de soberanía alimentaria que se estableció durante el Foro Mundial Nyéléni de 2007 y cimentado en el derecho internacional de los derechos humanos, este nuevo marco expresa un paradigma ético del comercio que da prioridad a la dignidad humana, la justicia ambiental y la gobernanza democrática de los sistemas alimentarios a todos los niveles: local, regional y mundial.

Este nuevo marco reivindica que todos los mecanismos comerciales se diseñen respetando los derechos inalienables de los pueblos y las naciones a determinar sus propias políticas agrícolas y alimentarias, reconociendo que la alimentación es un derecho humano fundamental y no una mercancía.

Este nuevo marco hace hincapié firmemente en que los mecanismos comerciales no deben utilizarse como arma ni deben subordinarse los derechos básicos a los intereses comerciales. Por el contrario, el comercio debe reconstituirse como un instrumento para el beneficio mutuo, sustituyendo las prácticas de explotación por un intercambio equitativo y una prosperidad compartida entre las naciones.

Forma parte de esta visión el compromiso de proteger el planeta mediante la salvaguarda de la biodiversidad y el respeto de los límites planetarios, reconociendo el papel crucial de los pueblos indígenas como custodios de los ecosistemas, y promoviendo sistemas alimentarios regionales y métodos agroecológicos, en lugar de cadenas de suministro controladas por las empresas.

Se insiste en que el citado nuevo marco comercial global debe ser inclusivo, transparente, equitativo y fortalecedor; lxs productorxs de alimentos a pequeña escala (agricultorxs, trabajadorxs agrícolas, pescadorxs, pastorxs) y lxs trabajadorxs del sistema alimentario, pueblos indígenas y grupos históricamente marginados deberán ser prioritarios y protegidos, prestando especial atención a las mujeres y a las personas pertenecientes a minorías de género.

Se aboga por un sistema de gobernanza comercial que garantice ingresos dignos y condiciones de trabajo seguras en todos los sistemas alimentarios, la participación democrática en la toma de decisiones comerciales, la rendición de cuentas pública en las operaciones de mercado y una regulación sólida del mercado.

Un marco comercial agrícola mundial debería conducir a una transformación sistémica de las relaciones comerciales para hacer realidad la soberanía alimentaria, la justicia climática y la equidad social tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Se confirma que se cuantificará la aplicación de estos principios según su avance concreto en materia de derechos humanos, protección del medio ambiente y equidad económica y social para todas las personas.

Cuadro 2

Los organismos financieros y comerciales mundiales posibilitan la agresión a los océanos, los ríos y los pueblos pescadores

La incesante acumulación de riqueza por parte de las naciones imperialistas, aparte de explotar y expropiar las tierras ancestrales, tradicionales e indígenas de los pueblos pesqueros y las comunidades costeras, está aniquilando sus derechos soberanos sobre las tierras, las aguas y los recursos pesqueros, llevando a cabo una limpieza étnica y un desarraigo violento de sus modos de vida, sus identidades socio-ecológicas y su pertenencia cultural a costas, océanos, ríos, aguas interiores, manglares, islas, mares y todos sus territorios tradicionales.

El acaparamiento de océanos y tierras, incluido los recursos pesqueros, se ha acelerado a través de las industrias extractivas (minería, petróleo, gas); la pesca industrial destructiva; los megaproyectos de infraestructura (vías navegables, parques eólicos industriales, oleoductos, ciudades inteligentes, recuperación de suelos, construcción de puertos); los planes de conservación financiarizados como 30×30 y las OECM (otras medidas eficaces de conservación Basadas en áreas); la mercantilización y privatización de la naturaleza; y la acuicultura industrial (fábricas de pescado o alimentos azules).

Narrativas como el «crecimiento azul», la «economía azul» y la «transformación azul» prometen sostenibilidad, pero aceleran el acaparamiento y equivalen a un lavado de imagen ecológico. Estas iniciativas se integran en las economías nacionales a través de programas de financiación azul, vinculando a las naciones a condiciones fiscales que subordinan la soberanía al capital transnacional, reduciendo incluso a los Estados elegidos democráticamente a «Estados rentistas» que arriendan los océanos para el lucro empresarial. Esto agrava la crisis climática y la criminalización de los pueblos pesqueros, que se resisten a la mercantilización de los océanos, la pesca y las costas, y abogan a todos los niveles contra las falsas soluciones y el acaparamiento territorial bajo fraudulentas pretensiones «verdes» o «azules».

La OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los acuerdos de libre comercio se han utilizado para desmantelar las políticas nacionales que protegían la soberanía de los pueblos sobre los recursos naturales y los mercados locales.

Movimientos como el Foro Mundial de Pueblos Pescadores (WFFP por sus siglas en inglés) denuncian a quienes impulsan persistentemente esta agenda, incluidas las grandes organizaciones ambientales internacionales, el Banco Mundial, los bancos regionales de desarrollo y las empresas; y reclaman un desarrollo de base genuinamente comunitaria, basado en los derechos y configurado por los pueblos pescadores.

También mantienen su compromiso de participar en plataformas políticas multilaterales legítimas sobre alimentación, pesca, agricultura, clima, biodiversidad y derechos humanos para defender su autonomía política y su gobernanza consuetudinaria. El WFFP y otros, reconocen a la FAO, a su Comité de Pesca (COFI), al Comité de Subvenciones a la Pesca (CFS) de la OMC y al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) como los órganos de la ONU adecuados para la gobernanza global en los que las organizaciones sociales mantienen una participación activa.

Cuadro 3

Los Pueblos de las Semillas ante la tiranía del comercio mundial

Del 19 al 21 de enero de 2026, el Colectivo deSemillas de América Latina recibió en Cartago, Costa Rica, al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) para «visibilizar la urgencia de defender una relación entre pueblos y comunidades con sus cultivos y semillas fundamentales», una relación ontológica que viene desde el fondo de los tiempos y es crucial para llevar a la humanidad y al planeta hacia el futuro.

El TPP escuchó las amenazas que enfrentan diversos pueblos del mundo para cuidar y reproducir sus semillas independientemente del mercado, de las restricciones de propiedad intelectual y las tecnologías biológicas y digitales.

Las estructuras políticas, dicen, han dispuesto que toda la alimentación sea progresivamente transformada en un capítulo de la economía, donde todo lo que tiene que ver con el sustento es separado de las vidas reales de las personas para ser únicamente parte del mercado global. Los oligopolios intentan convertir a la gente en una masa homogénea de consumidores y la diversidad natural en mercancías rentables.

Ahora que los intercambios comerciales se están usando como arma de guerra, un impulso como éste es vital.

«Pueblos de las semillas», dice el TPP, es un término transversal que no respeta las fronteras, que se refiere a quienes tienen problemas diversos pero coincidentes, complementarios, en África, en Asia, en América Latina. Si no lo pensamos así, los pueblos de las semillas se encuentran fragmentados para confrontar la fuerza bruta con que se está reacomodando el comercio global. Frente al desmantelamiento del derecho internacional, los pueblos con sus semillas pueden llevar sustento a todos lados, desafiando no sólo al capitalismo global, o las cadenas de suministro, sino a la mercantilización de los fundamentos de la vida.

Declaración del Tribunal Permanente de los Pueblos en Defensa de las Semillas.

Cuadro 4

La CM 14 fracasa – ¡buena noticia!

La 14ª Conferencia Ministerial (CM 14) de la OMC, celebrada en Yaundé (Camerún), ha fracasado, sin tan siquiera una Declaración Ministerial. Las negociaciones para renovar la moratoria de aranceles al comercio electrónico y la moratoria relativa a las “reclamaciones no basadas en infracción” del acuerdo sobre los ADPIC (TRIPS por su sigla en inglés); las subvenciones a la pesca; la agricultura; la reforma de la OMC, y un paquete de medidas para los Países Menos Adelantados (PMA), se han aplazado hasta el Consejo General de Ginebra.

Este fracaso es una victoria bien recibida en una batalla de mayor envergadura. Aunque muchos países en desarrollo se han resistido a dejar que Estados Unidos y sus secuaces impulsaran sus propios programas mediante el engaño del multilateralismo, no se trata de una rebelión clara del Sur Global. Muchos países del Sur siguen aferrados a la lógica del libre comercio, presentando propuestas que socavan la soberanía alimentaria y benefician a la agroindustria a expensas de lxs trabajadorxs y lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos.

Durante 30 años, los países ricos han utilizado la retórica del comercio basado en normas y la reciprocidad, las promesas de una mayor ayuda al desarrollo y la intimidación descarada para romper las alianzas entre los países del Sur y extraerles mayores concesiones. Las normas de la OMC siempre han favorecido a las antiguas potencias colonizadoras. Se aseguran resultados que favorecen sus economías, a sus élites y sus negocios, y consolidan el poder de las empresas transnacionales en los sistemas alimentarios, la salud pública y todos los sectores vitales para una vida digna.

Pero incluso si la competencia fuera perfecta y los juegos de poder fueran eliminados, el marco de la OMC es inaceptable. Rechazamos la premisa de que todas las cosas en la tierra y nuestro trabajo deban ser tratados como mercancías, y una visión de las relaciones humanas basada en la competencia perpetua.

Es inútil esperar ninguna reforma significativa de la OMC que haga avanzar el bienestar, los derechos, las aspiraciones y las necesidades de los pueblos trabajadores del mundo. También es perjudicial y peligroso para la democracia participativa y la rendición de cuentas, ya que en demasiados países las negociaciones y los acuerdos de comercio e inversión no están sujetos a escrutinio interno.

A la vez que intensificamos nuestras exigencias fundamentales de acabar con la OMC, también necesitamos utilizar con eficacia y contundencia todo el corpus de legislación internacional sobre derechos humanos y los compromisos de nuestros gobiernos en materia de derechos humanos para desafiar el poder de la OMC sobre nuestras políticas nacionales. Los derechos de lxs trabajadorxs y de lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos no pueden hacerse depender de los beneficios empresariales. ¡Queremos soberanía alimentaria, no libre comercio!

Para más información lean la Declaración de Yaundé: La OMC y el libre comercio provocan hambre, pobreza y desigualdad.

Destacados

Destacados 1

La demolición estadounidense del orden mundial posterior a la II Guerra Mundial frente al Sur Global

Un orden global en descomposición

Durante el segundo año del segundo mandato de Donald Trump, con el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y seguidamente con la guerra emprendida contra Irán junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente estadounidense ha seguido demoliendo el orden mundial establecido durante 80 años por Estados Unidos después de la segunda Guerra Mundial.

El sistema en demolición es una estructura de reglas, prácticas y políticas que ha mantenido la hegemonía de Estados Unidos y del resto del mundo capitalista occidental; una estructura promovida con la retórica de la libertad, el libre comercio y la democracia. Estados Unidos ha sustituido unas normas y unas prácticas ya de por sí injustas para el Sur Global por el ejercicio unilateral de la coerción y la fuerza, y la regla de que la fuerza da la razón.

A solo tres meses del comienzo de 2026, Trump ya ha conseguido desmontar las ficciones políticas del antiguo régimen, entre ellas el principio central de Naciones Unidas que prohíbe expresamente «la amenaza del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o actuar de cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas». Mediante el secuestro de Maduro y el asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, el hegemón ha anunciado al mundo que ningún país está exento de una intervención abierta, rotunda, si Trump lo desea. Ni los territorios extranjeros pertenecientes a aliados cercanos, como Groenlandia, son inmunes a ser anexionados si Trump decide que es de interés nacional para EE.UU. apoderarse de ellos.

Así se transforma el sistema económico multilateral

No obstante, antes de desmantelar la ficción político-militar del antiguo régimen, en 2025 Trump atentó contra la ficción económica, reanudando lo que había iniciado durante su primera presidencia, entre 2017 y 2021. Durante ese período continuó con la política de su predecesor, el presidente Barack Obama, de bloquear los nombramientos y los nuevos nombramientos en el Tribunal de Apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que paralizó efectivamente ese organismo. Pero aún más descaradamente, declaró una guerra comercial unilateral contra China, socavando el sistema de normas y convenciones del comercio mundial cuya institucionalización Estados Unidos había liderado en 1994 con la fundación de la OMC.

En 2025, Trump amplió sus guerras comerciales a otros 90 países, entre ellos 50 países africanos, con algunas subidas de aranceles de las más grandes y punitivas del mundo, como las de Lesoto (50%), Madagascar (47%), Mauricio (40%), Botsuana (37%) y Sudáfrica (30%). Los aranceles impuestos tenían poca justificación, aunque en el caso de Sudáfrica fue en parte un castigo por presentar una denuncia contra Israel por genocidio en Gaza ante la Corte Internacional de Justicia.

Un pilar del antiguo régimen internacional era la ayuda exterior como instrumento de la política estadounidense. Como observó Thomas Sankara, un destacado luchador por la liberación de África, «quien te alimenta te controla». Uno de los primeros actos de Trump, a través de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, fue la abolición de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) para complacer a su base de extrema derecha que no veía la ayuda exterior como algo importante para el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. Hubo quienes lo consideraron una tragedia, ya que presuntamente los programas de USAID financiaban importantes proyectos de salud pública y salud reproductiva en el Sur Global. Otros no vieron ninguna pérdida, ya que la mayor parte de los fondos destinados a estas iniciativas se destinaban a pagar a los contratistas estadounidenses que las llevaban a cabo o las gestionaban.

Pero Trump y Musk no tomaron ninguna medida para desmantelar o reducir la financiación estadounidense al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a los bancos regionales de desarrollo que utiliza Estados Unidos para canalizar el dinero para dominar el Sur Global a través de la «ayuda al desarrollo» o el «ajuste estructural», y en los que Estados Unidos tiene poder de veto.

Estas instituciones siguen manteniendo programas de ajuste estructural generadores de pobreza, especialmente en África, promoviendo los erróneos esfuerzos de la denominada industrialización basada en exportaciones, al tiempo que Estados Unidos impone aranceles punitivos masivos a las importaciones del Sur Global, y bloquean todos los esfuerzos para resolver el endeudamiento masivo de los países en desarrollo (más de 11,4 billones de dólares).

Hacia una alianza mundial de resistencia y de cambio

Las jugadas de Trump van dirigidas sobre todo a personas y países del Sur Global. Esta estrategia tiene su lógica, ya que es principalmente el Sur Global el que ha cambiado el equilibrio del poder mundial y ha generado la crisis de hegemonía de Estados Unidos. Entre los hitos de este proceso histórico se encuentran el ascenso de China hasta convertirse en la segunda economía más poderosa del mundo, las derrotas masivas de las armas estadounidenses en Irak, Libia y Afganistán en los últimos 25 años, el ascenso de Irán como potencia regional a pesar de todos los esfuerzos de Estados Unidos e Israel por contenerlo, la capacidad de los países en desarrollo de impedir que la OMC sea un motor de la liberalización del comercio y el ascenso de los BRICS como contrapeso potencial a la alianza occidental.

Algo fundamental para el debilitamiento del hegemón ha sido también la crisis cada vez más profunda del régimen capitalista mundial, cuyas manifestaciones clave son la desindustrialización de Estados Unidos y Europa, la financiarización de las principaleseconomías capitalistas, que prefieren invertir en especular y no en producir, el asombroso aumento de la desigualdad mundial en términos de ingresos y riqueza, y la contradicción agudizada entre la supervivencia planetaria y el afán insaciable de ganancias.

El sistema de unilateralismo de Trump es feroz. Pero no hay vuelta atrás al antiguo régimen de hegemonía estadounidense ejercido a través de un orden multilateral sistemáticamente sesgado contra el Sur Global tras una fachada de retórica democrática liberal. Para nosotrxs en el Sur Global, de hecho para todxs lxs que son partidarixs de la justicia, la paz y la supervivencia planetaria, no existe otra opción sino afrontar con valentía el reto de navegar por las turbulentas aguas de este periodo de transición si queremos llegar al remanso de un nuevo orden mundial al servicio del interés común de la humanidad y del planeta.

Destacados 2

La autonomía estatal y la movilización de lxs pequeñxs productorxs son clave para obtener una regulación sólida del mercado, la soberanía alimentaria y un sistema de comercio justo

Para construir sistemas alimentarios autónomos y garantizar la soberanía alimentaria es esencial que se regule de forma sólida el mercado y que existan mercados territoriales.Defendiendo la autonomía nacional y utilizándola con sensatez, los países pueden aplicar de manera eficaz normativas que prioricen las necesidades de lxs pequeñxs productorxs. Lxs pequeñxs productorxs de todas las regiones se están movilizando para exigir las medidas políticas necesarias para poder seguir cultivando, pescando, criando ganado y produciendo alimentos para todxs. Las personas que se dedican a la agricultura familiar se ven muchas veces asfixiadas por un mercado global desregulado que da prioridad a los intereses empresariales y especulativos.

La pandemia mundial y los conflictos geopolíticos han puesto de relieve las vulnerabilidades del sistema comercial mundial y los retos que plantea depender de alimentos e insumos importados. Algunos gobiernos africanos han cooptado el concepto de «soberanía alimentaria» aludiendo a la autosuficiencia alimentaria nacional a través de una agricultura modernizada. A pesar de esta distorsión, la resiliencia de las explotaciones agrícolas familiares y las ventajas de los mercados territoriales frente a las cadenas de suministro globales son progresivamente reconocidos.

Los informes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y las recomendaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas revelan que la mayor parte de los alimentos que se consumen en el mundo circulan a través de diversos mercados territoriales y no de cadenas de suministro globales.Los mercadosterritoriales están vinculados a sistemas alimentarios locales, nacionales y regionales; son más inclusivos y diversificados que las cadenas de valor de un solo producto básico, especialmente para las mujeres y la juventud. Los mercados territoriales desempeñan funciones económicas, sociales, culturales y ecológicas múltiples, contribuyendo de manera significativa a las economías locales al permitir que la riqueza sea retenida y redistribuida a nivel de explotación agraria.

Para defender estos mercados y garantizar ingresos justos a lxs pequeñxs productorxs, que cubran los costes de producción y proporcionen al mismo tiempo alimentos saludables a precios estables para los consumidores, es crucial regular los mercados.Este objetivo requiere abordar cuestiones estructurales mediante políticas e instrumentos públicos proactivos, como reservas públicas de alimentos, cuotas de importación y regulación de precios mínimos.

En las últimas décadas, los ajustes estructurales y las políticas neoliberales han socavado las herramientas de regulación de los mercados, lo que ha agravado la inseguridad alimentaria y favorecido la especulación y la consolidación empresarial en las cadenas de suministro mundiales, en detrimento de la producción local de alimentos saludables. El contexto actual ofrece oportunidades para abogar por la reintroducción de reglas en el núcleo del desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles.

En África Occidental, movimientos como la Red de organizaciones de personas campesinas y productoras agrícolas de África Occidental (ROPPA) llevan a cabo acciones destinadas a reforzar la regulación del mercado y a desarrollar mercados locales para garantizar precios justos. Estas acciones promueven las explotaciones familiares y apoyan los sistemas alimentarios locales que protegen los mercados y desarrollan canales de comercialización más cortos que vinculan a productores y consumidores.

Además, las redes campesinas organizadas suelen promover ferias agrícolas que potencian los mercados locales y urbanos, con repercusiones positivas en los ingresos de los agricultores. En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en Sri Lanka en septiembre de 2025, lxs pequeñxs productorxs de alimentos hicieron hincapié en la necesidad de generar análisis y evidencias en aras de una labor de promoción eficaz. Los movimientos trabajan para identificar ejemplos mundiales de iniciativas eficaces de regulación de los mercados, con el respaldo de investigadorxs, para documentar beneficios proactivos.

En este periodo geopolítico tan difícil, es crucial que los gobiernos no alineados se unan y elaboren políticas que defiendan a las personas productoras de alimentos a pequeña escala y protejan la soberanía alimentaria.

Boletín núm. 63 – Éditorial

Replanteando el comercio mundial en tiempos de tensiones geopolíticas

Durante una gran parte de este siglo, una cohorte de naciones ricas y poderosas ha corrompido y secuestrado el sistema multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Estas naciones están alterando el denominado orden mundial basado en normas y redefiniendo los conceptos de cooperación, justicia, prosperidad compartida y estabilidad, abanderadas por Estados Unidos, que, combinando el poder del capital y el poderío militar, elude las normas colectivas e impone decisiones unilaterales que están remodelando radicalmente la política y el comercio mundial. Esto ha dado lugar a un sistema internacional frágil en el que todas las reglas son variables y la fuerza bruta determina los resultados.

Esto no quiere decir que el asediado sistema internacional/multilateral sea justo, equitativo o democrático. Sus principales órganos, a saber, el Consejo de Seguridad de   Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC), son desde hace mucho tiempo instrumentos de promoción de los intereses de las antiguas potencias coloniales. La amarga paradoja actual es que incluso las normas impuestas por estas instituciones están desbaratadas.

Ya se negocien mediante acuerdos de la OMC, acuerdos bilaterales de libre comercio o asociaciones económicas estratégicas, el comercio y la inversión mundial se han transformado en armas en los conflictos geopolíticos. Los aranceles, las sanciones y las restricciones financieras no se esgrimen para corregir desequilibrios comerciales, sino para ejercer una presión política implacable y derrotar a naciones y pueblos. Las medidas económicas se aplican a los que se atreven a trazar una vía alternativa al capitalismo global y a las ideologías fascistas.

Como demuestra la última guerra en Asia Occidental, el efecto de estas acciones se extiende mucho más allá de las naciones implicadas. Para los países en desarrollo las consecuencias son devastadoras. Los medios de vida de la clase trabajadora se ven amenazados por aranceles fluctuantes, sanciones agresivas y precios volátiles de las materias primas que presionan sobre los sistemas alimentarios y profundizan la dependencia de unos mercados exteriores cada vez menos fiables.

Lxs pequeñxs productorxs y trabajadorxs, que son la columna vertebral de las economías locales, se ven atrapados en el flagelo de unos precios mundiales oscilantes, costes de producción en aumento y rentas en disminución.  

Cuando son las ambiciones imperiales y colonialistas las que impulsan las políticas económicas, las expectativas de un comercio justo y equitativo se esfuman. Cuba, Palestina y Venezuela son ejemplos de que la utilización del comercio como arma y las reivindicaciones coloniales conducen al castigo colectivo de los pueblos.

Sin embargo, este momento de crisis también supone una oportunidad crucial. Conforme se desvanece la fe en los sistemas existentes, los países y los movimientos sociales se levantan para exigir un multilateralismo renovado y genuino, basado en la cooperación y no en la opresión, en la democracia participativa y no en la representación opaca.

Focus on the Global South, La Via Campesina